El emprendimiento digital y tecnológico es el principal motor de creación de valor en la economía en las últimas décadas, y aunque en muchos ámbitos tanto los organismos públicos como privados son conscientes de la relevancia de este sector para el futuro, todavía no se le da el impulso que es necesario. El ejemplo más visible de esta realidad es el crecimiento de las grandes empresas tecnológicas, que está sobrepasando a las empresas tradicionales en cada uno de los sectores del tejido empresarial, pero también podemos verlo a un nivel más general en la fortaleza de las economías más tecnológicas como la americana.

Miremos donde miremos, el valor de la innovación tecnológica es una realidad, y mucha de la innovación tecnológica viene del emprendimiento digital. Es por este hecho que tanto el sector público como privado deben realizar un esfuerzo aún mayor al actual para impulsar el emprendimiento digital, que, a día de hoy es escaso si se compara con el aporte de valor futuro que tiene para la economía. Un emprendimiento, el digital que, si pensamos en creación de valor absoluto, debe promover el aprovechamiento de todo el talento y para ello, la participación equilibrada de mujeres y hombres, ya que una mayor participación de las mujeres, como se verá en este estudio, incrementaría considerablemente el potencial de creación.

El foco pues sobre el emprendimiento digital femenino encuentra su justificación por dos vertientes. En primer lugar, ya hemos podido ver que se trata de un sector con alto potencial de crecimiento y de impacto sobre la economía, tanto por su capacidad transformadora como su potencial de creación de empleo. En segundo lugar, se trata de un sector tradicionalmente más dominado por hombres, por lo que conviene ahondar en la comprensión de las causas de esta disparidad.

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