En cuanto hablamos de la corresponsabilidad familiar ascendente, nos referimos a quién asume el cuidado de familiares, personas mayores, enfermos/as… La respuesta es simple, las mujeres reducen su jornada por cuidado de personas adultas, ancianas, con diversidades funcionales, sensoriales o mentales, mientras que los hombres no ven reducido su tiempo de trabajo a dicho cuidado, generalmente. Vivimos en un reparto de trabajo doméstico desequilibrado y alejado del ideal corresponsable.  

Algunos datos que constatan la realidad:

– Hay 1.997.800 mujeres que no tienen empleo ni lo buscan por razones familiares frente a tan solo 130.800 hombres (fuente: Ministerio de sanidad, servicios sociales e igualdad, 2013).

– La tasa de actividad es del 53,41% en el caso de las mujeres y un 67,1% en el caso de los hombres (fuente: Ministerio de sanidad, servicios sociales e igualdad, 2013).

Este rol de la labor de los cuidados por cuestiones de género se asume como una obligación moral de prestar dicha asistencia. La brecha de género en relación a las tareas de cuidado conlleva un mayor impacto en la calidad de vida de las mujeres al poseer menor cantidad de tiempo para ellas mismas y sin posibilidades de remuneración justa por su labor. 

Según el informe de OXFAM (fuente: Tiempo para el cuidado. El trabajo de cuidados y la crisis global de desigualdad -www.oxfam.org-), no hay ninguna población en la que los hombres se encarguen de un volumen de trabajo de cuidados superior al de las mujeres, a nivel global, las mujeres y niñas realizan más de las 3/4 partes del trabajo de cuidados no remunerado. 

Como consecuencia de esta sobrecarga emocional y laboral, puede manifestarse el sentimiento de abandono de sí misma, aislamiento o culpabilidad por dejar relegadas las vidas personales para la casi total dedicación a otra persona, lo cual puede influir negativamente tanto en los cuidados como en el entorno laboral y familiar. Ante tales circunstancias es necesario contar con una red de apoyo entre iguales que permita el fortalecimiento de la autonomía propia. 

Por ello, se defiende la Corresponsabilidad familiar como ideal para que no sea siempre la mujer la que aguante dicha carga, usando por ello las medidas conciliadoras que ciertas empresas ofrecen, para que la otra persona conviviente permita este reparto equitativo.  

Recursos y servicios para personas en situación de dependencia: información al cuidador informal. Enlace: https://www.mheducation.es/bcv/guide/capitulo/8448171667.pdf 

Fuente: Observatorio de Igualdad y Empleo.

Por otra parte, es importante también plantear la idea de practicar la corresponsabilidad con las mismas personas mayores. 

Trabajar la corresponsabilidad con niños y niñas es más fácil, pues tienen que aprender desde cero. Sin embargo, trabajar la corresponsabilidad con personas mayores significa desaprender lo aprendido, es decir, hacerles comprender cómo se entiende y se vive la igualdad desde una vida llena de desigualdad. 

La propuesta que se hace es convertir en objetivo las actividades cotidianas, que sean planteables y realizables en la pareja para compartir más y mejor las tareas del cuidado de la casa y las personas. 

Esta propuesta se debe hacer a través de una serie de dinámicas para trabajar con personas mayores:

  • Visibilización de los micromachismos que abundan en nuestra vida cotidiana. 
  • Modificación de conductas no corresponsables. 
  • Reconocimiento de la importancia del trabajo doméstico, así como su invisibilidad en todos los ámbitos personal, familiar, social y político. 
  • Visibilizar el trabajo doméstico y el reparto de roles. 
  • Identificación de actuación según los roles de género.
  • Revalorizar las tareas de cuidado y crianza realizadas tradicionalmente por mujeres.

Fuente: Manual didáctico de corresponsabilidad familiar – Servicio de Igualdad, Área de Desarrollo y Bienestar Social, Diputación Provincial de Cádiz. 

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