La convivencia requiere que todas las personas sepan organizarse y establezcan unos límites que garanticen el cuidado del hogar y el equilibrio de responsabilidades entre ambas. 

Durante años se ha mantenido la idea del “te ayudo” (modelo tradicional), lo cual refleja la asignación de esta responsabilidad a las mujeres y que los hombres efectivamente dejan en manos de esas el peso final de la organización del hogar. 

La participación de los/as hijos/as en las tareas familiares aumenta con la edad aunque en la adolescencia suele descender su participación. 

Por lo tanto, compartir las tareas en el hogar desde la infancia presenta numerosos beneficios a la hora de adquirir una rutina y responsabilidad futura, además de reforzar su autonomía. Es importante no olvidar sus deseos e intereses y establecer un acuerdo de las tareas en las que quieren participar, para ir aumentando progresivamente su participación. 

Posibles tareas a realizar en casa desde la infancia:

  • Hacer la cama 
  • Doblar y guardar la ropa en el armario
  • Poner la ropa sucia en el lavadero o cesto
  • Poner la mesa 
  • Sacar la basura alternándose con su hermano/a

Una vez que se implantan estas responsabilidades en su rutina diaria, el siguiente paso es hacer las tareas “por los/as demás”: 

  • Hacer la cama de otras personas de la familia.
  • Guardar la ropa del hermano o de la hermana.
  • Recoger los juguetes del hermano o de la hermana.
  • Recoger los juguetes de la mascota o rellenar sus cuencos de agua y comida.

Al pedir la corresponsabilidad familiar descendente estamos inculcando valores como la responsabilidad, la tolerancia, el respeto, la generosidad y  la igualdad.  

Fuente: Guía “Educar compartiendo las tareas familiares” de Isabel Bartau Rojas.

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